
Hacía ya tiempo que se conocían, pero nunca se habían tocado. Menos aún, nunca se habían siquiera mirado a los ojos. Sólo palabras escritas y transmitidas al espacio.
Sin embargo, desde el primer día que cruzaron un mensaje, se sintieron atraídos irremediablemente. Día tras día fue creciendo una amistad que se hizo íntima. Pronto se contaron parte de sus vidas, compartieron penas y alegrías y vieron como surgía otra historia de amor, diferente, pero tan auténtica como cualquiera otra.
Habían construido, cada uno en su mundo de imaginación y fantasía, una imagen del otro si acaso más real que si se conocieran desde niños; porque se dejaron invadir tan profundamente que ya eran uña y carne.
Todo eso no era suficiente. Tenían esa necesidad imperiosa de fortalecer sus sentimientos con un encuentro de sus cuerpos.
No sabían bien de quien partió la idea de encontrarse, aunque los dos lo deseaban ardientemente. Otra cosa eran las dudas que, sin querer, nacían y se deshacían en sus noches de insomnio.
Acordaron que él viajara a la ciudad de ella. El lugar elegido, la catedral gótica, centro neurálgico de la ciudad. Para reconocerse, una gabardina roja ella y una chaqueta de cuero negro, él; y una frase a modo de contraseña:"Ha llegado tu sueño"; a la que contestar: "Mi sueño eres tú".
Él llegó pronto, antes de la hora acordada; subió lentamente las escalinatas y se giró, buscando el rojo que guardaba el cuerpo deseado de ella.
No lo encontró.
Paseó por la amplia explanada que se ofrecía delante del magnífico pórtico, sin dejar de mirar, una y otra vez , a las escalinatas que daban acceso a la catedral.
Estaba algo cansado del viaje y la espera acabó por agotarlo más. Ella no aparecía y pasaba ya bastante de la hora acordada.
No se habrá atrevido, pensó. Eso era algo que tenía que haber tenido en cuenta. Quizás ella no estaba convencida de que encontrarse era una buena idea, seguía divagando en silencio.
Cuando creyó que ya no era posible el encuentro, tomó una de las callejuelas empedradas que seguía los muros mismos de la catedral y caminó absorto en sus pensamientos, decepcionado, a punto de que las lágrimas le brotaran sin remedio.
Luego de caminar por unas cuantas calles, decidió sentarse en un no muy cómodo banco . Cerró los ojos y reposó su cabeza sobre la rígida piedra.
Perdido brevemente el sentido, evadido de la realidad y recreándose en lo que pudo haber sido y no fue, no se apercibió de unos ligeros pasos que se acercaban hacia él. Le sobrecogió un cuerpo cercano; pero, al abrir los ojos, unas manos cogían su cara y una boca se pegaba a su boca. Un beso como aquél, tan intenso, jamás lo había sentido; apenas pudo reaccionar, porque él no besó, sólo fue besado.
Se levantó del asiento, pero ella volaba ligera a perderse por las estrechas calles del casco antiguo de la ciudad. Sólo pudo ver el vestido de flores lilas y amarillas que cubrían un cuerpo más soñado que real.
Esta canción la compartieron y la hicieron suya: quiero tener "Algo contigo" eternamente, Los Panchos.
4 comentarios:
Es precioso querido mío, lo he leído 4 veces, eres divino, te estoy queriendo cada día más, te estoy queriendo de una manera que no esperaba.
Te quiero, te deseo, te necesito. Sueño con que me estreches entre tus brazos algún día aunque ambos estemos viejitos...
Melibea siempre te amaré....
Y deseo tenerte entre mis brazos, pero quiero que sea pronto. Aquí te espero para que nos amemos como es debido. Sabes que soy prisionero de tu amor. Te quiero.
excelente el blog, y el titulo.
algo asi...
...enserio, el titulo de tu blog me trae tantas ideas, lo robare uno de estos dias para una post.
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