
-Amanecerá mañana- se dijo Eilina.
Eilina era una chica nada convencional. Por eso, al viejo profesor, le costaba amoldarse a su manera de ser, a su independencia, a su forma de afrontar las situaciones... Una noche de amor no significaba para ella más que eso: sexo, ternura, pasión..; pero de ahí a pensar que ya se había formalizado una relación, nada de nada.
Lucas se sentía intimidado delante de ella, por eso evitaba muchas veces estar en su presencia.
Una tarde que estaban los tres sentados junto a una taza de té, Lina se levantó para salir a la calle y el profesor se ofreció a acompañarla. Eilina hizo una mueca y siguió a lo suyo.
Ya en la calle, metidos en el coche, Lina le preguntó a su profesor -ella gustaba llamarle así.
-Dígame, profesor, ¿qué significa Eilina para usted?
-Bueno, nos hemos hecho amigos, pero...ejem...no sé cómo decirte. Lo cierto es que,... nos acostamos una noche. Pero no ha vuelto a ocurrir.
-Pero a usted le gusta, ¿no?
-Sí, mucho. Pero no me trates de usted, llámame Lucas.
-Bien, intentaré acostumbrarme..
-Eilina es una mujer con mucho carácter, pero a usted,...perdón, a ti, te trata con mucha dulzura.
Lina siguió hablando de Eilina y el profesor la escuchaba con atención. Inesperadamente, Lina cambió la conversación y preguntó, como si de nada importante se tratara, al profesor:
-¿Me sigues deseando como antes?
-Han pasado muchos años..., se me fue durmiendo el deseo..., y fui perdiendo las esperanzas.
-Debí haberte encontrado hace años. Fui demasiado orgullosa y no quería reconocer que a quién debí amar era a mi viejo profesor...Pero tuve demasiados prejuicios. Huí de su lado y sólo encontré amores vulgares e interesados.
-Yo no tuve ni siquiera eso. Ya había decidido abandonarme y esperar el fin de mis días.
-Sin embargo, estás aquí. ¿Qué sientes por mí?
-Te quiero mucho. Y nunca podré olvidar lo que tuvimos.
-Yo tampoco. Fui muy feliz aquel último año de universidad.
No pudo Lucas abstraerse tanto. Recordó vivamente aquella tarde en el piso que compartía Lina con dos amigas más.
Un grupo de alumnas habían decidido montar una obra de teatro y el lugar elegido para ensayar, aquel piso. Invitaron al profesor para que las dirigiera y él se mostró dispuesto.
La repetición de escenas acabó por cansarlos a todos. Ya era hora de cenar y acordaron buscar comida y bebidas que, por supuesto, pagaron entre todos.
Entre risas y alboroto contenido, alguien puso música. Unos siguieron hablando y bebiendo, otros se adueñaron del salón y se pusieron a bailar ritmos locos de los 80. El profesor se sentía incómodo y Lina lo notó.
-Vamos, profe, a bailar.
-No, si yo no sé...gracias.
Lina siguió insistiendo y lo consiguió. Torpemente comenzó a moverse y a Lina le dio por reírse. Iba a abandonar su aventura, cuando la música se puso lenta, romanticona,... alguien dejó las luces mínimas y no pudo, el profesor, impedir ser abrazado por su alumna. Sentir aquel cuerpo frágil y pequeño, le ruborizó. Mas no quería separarse de él y siguió los pasos del baile.
Entusiasmada por la música, pegó Lina su cuerpo al de él y dejó que todo fluyera naturalmente.
A partir de aquel día, Lina y Lucas compartieron muchos momentos. Se vieron para ir al cine, pasearon tras asistir a una representación teatral, y hasta quedaron a tomar unas copas.
Lina no bebía alcohol, pero.., una tarde que asistieron a una fiesta, le ofrecieron unos combinados dulces y atractivos y los tomó sin percatarse de que el alcohol que llevaba no tardaría en hacer efecto. Así fue. Una turbadora mirada, una lasitud en los brazos y una alegría contagiosa hizo que sólo se encontrara a gusto abrazada a su amigo, su querido profesor.
Lucas se sintió en la obligación de llevarla a casa y no dejarla hasta que no traspasara la puerta del piso. Era śabado y las compañeras de Lina se divertían en sus poblaciones de origen; no volverían hasta el lunes por la mañana.
Lucas abrió la puerta. Mientras Lina jugueteaba con él y le hacía mimos y mariquetas. Intentaba despedirse, pero ella se abrazó a su cuello y le pidió que no se fuera, que no se encontraba bien.
Él accedió, pues no la vio muy segura. Ya en la habitación, se sentaron en la cama, pero no tardó mucho en quedarse dormida en el regazo de él. Así no podía irse, la acomodó adecuadamente y la arropó, vestida como estaba, sin los zapatos. Él se recostó a su lado y también se durmió.
Notó algo húmedo en los labios y abrió los ojos. La rubia cabecita de Lina estaba muy cerca de la suya y su boca iba a volver a besarlo. Lo hizo y ya no pudo parar el río de deseo que corría por sus venas.
Desnudos los cuerpos se juntaron sin remedio. Él, embelesado en una suave y blanca piel; ella, arrebatada por el contacto de un cuerpo cálido muy excitado.
Lentamente, dejó caer la mano y buscó el sexo húmedo de ella. Notó cómo se hinchaba e introdujo su dedo corazón. Aquel frágil cuerpo se acomodó al ritmo que el hombre marcaba para gozar de un placer conocido, pero ahora le pareció nuevo y diferente.
Tumbado sobre la espalda, recibió el cuerpo de ella y notó como se abría su flor. Una mezcla de placer y dolor la invadió por completo. Acompasaron un ritmo lento los cuerpos, y se movieron uno dentro del otro, entrando y saliendo completamente. Cuando ella aceleró, él no pudo aguantar más y eyaculó, al mismo tiempo que se producía el orgasmo de ella.
Fue la primera y única vez que hicieron el amor. Lucas no lo pudo olvidar nunca, Lina tampoco.
Una tarde que estaban los tres sentados junto a una taza de té, Lina se levantó para salir a la calle y el profesor se ofreció a acompañarla. Eilina hizo una mueca y siguió a lo suyo.
Ya en la calle, metidos en el coche, Lina le preguntó a su profesor -ella gustaba llamarle así.
-Dígame, profesor, ¿qué significa Eilina para usted?
-Bueno, nos hemos hecho amigos, pero...ejem...no sé cómo decirte. Lo cierto es que,... nos acostamos una noche. Pero no ha vuelto a ocurrir.
-Pero a usted le gusta, ¿no?

-Sí, mucho. Pero no me trates de usted, llámame Lucas.
-Bien, intentaré acostumbrarme..
-Eilina es una mujer con mucho carácter, pero a usted,...perdón, a ti, te trata con mucha dulzura.
Lina siguió hablando de Eilina y el profesor la escuchaba con atención. Inesperadamente, Lina cambió la conversación y preguntó, como si de nada importante se tratara, al profesor:
-¿Me sigues deseando como antes?
-Han pasado muchos años..., se me fue durmiendo el deseo..., y fui perdiendo las esperanzas.
-Debí haberte encontrado hace años. Fui demasiado orgullosa y no quería reconocer que a quién debí amar era a mi viejo profesor...Pero tuve demasiados prejuicios. Huí de su lado y sólo encontré amores vulgares e interesados.
-Yo no tuve ni siquiera eso. Ya había decidido abandonarme y esperar el fin de mis días.
-Sin embargo, estás aquí. ¿Qué sientes por mí?
-Te quiero mucho. Y nunca podré olvidar lo que tuvimos.
-Yo tampoco. Fui muy feliz aquel último año de universidad.
No pudo Lucas abstraerse tanto. Recordó vivamente aquella tarde en el piso que compartía Lina con dos amigas más.
Un grupo de alumnas habían decidido montar una obra de teatro y el lugar elegido para ensayar, aquel piso. Invitaron al profesor para que las dirigiera y él se mostró dispuesto.
La repetición de escenas acabó por cansarlos a todos. Ya era hora de cenar y acordaron buscar comida y bebidas que, por supuesto, pagaron entre todos.
Entre risas y alboroto contenido, alguien puso música. Unos siguieron hablando y bebiendo, otros se adueñaron del salón y se pusieron a bailar ritmos locos de los 80. El profesor se sentía incómodo y Lina lo notó.
-Vamos, profe, a bailar.
-No, si yo no sé...gracias.
Lina siguió insistiendo y lo consiguió. Torpemente comenzó a moverse y a Lina le dio por reírse. Iba a abandonar su aventura, cuando la música se puso lenta, romanticona,... alguien dejó las luces mínimas y no pudo, el profesor, impedir ser abrazado por su alumna. Sentir aquel cuerpo frágil y pequeño, le ruborizó. Mas no quería separarse de él y siguió los pasos del baile.
Entusiasmada por la música, pegó Lina su cuerpo al de él y dejó que todo fluyera naturalmente.
A partir de aquel día, Lina y Lucas compartieron muchos momentos. Se vieron para ir al cine, pasearon tras asistir a una representación teatral, y hasta quedaron a tomar unas copas.
Lina no bebía alcohol, pero.., una tarde que asistieron a una fiesta, le ofrecieron unos combinados dulces y atractivos y los tomó sin percatarse de que el alcohol que llevaba no tardaría en hacer efecto. Así fue. Una turbadora mirada, una lasitud en los brazos y una alegría contagiosa hizo que sólo se encontrara a gusto abrazada a su amigo, su querido profesor.
Lucas se sintió en la obligación de llevarla a casa y no dejarla hasta que no traspasara la puerta del piso. Era śabado y las compañeras de Lina se divertían en sus poblaciones de origen; no volverían hasta el lunes por la mañana.
Lucas abrió la puerta. Mientras Lina jugueteaba con él y le hacía mimos y mariquetas. Intentaba despedirse, pero ella se abrazó a su cuello y le pidió que no se fuera, que no se encontraba bien.
Él accedió, pues no la vio muy segura. Ya en la habitación, se sentaron en la cama, pero no tardó mucho en quedarse dormida en el regazo de él. Así no podía irse, la acomodó adecuadamente y la arropó, vestida como estaba, sin los zapatos. Él se recostó a su lado y también se durmió.
Notó algo húmedo en los labios y abrió los ojos. La rubia cabecita de Lina estaba muy cerca de la suya y su boca iba a volver a besarlo. Lo hizo y ya no pudo parar el río de deseo que corría por sus venas.
Desnudos los cuerpos se juntaron sin remedio. Él, embelesado en una suave y blanca piel; ella, arrebatada por el contacto de un cuerpo cálido muy excitado.
Lentamente, dejó caer la mano y buscó el sexo húmedo de ella. Notó cómo se hinchaba e introdujo su dedo corazón. Aquel frágil cuerpo se acomodó al ritmo que el hombre marcaba para gozar de un placer conocido, pero ahora le pareció nuevo y diferente.
Tumbado sobre la espalda, recibió el cuerpo de ella y notó como se abría su flor. Una mezcla de placer y dolor la invadió por completo. Acompasaron un ritmo lento los cuerpos, y se movieron uno dentro del otro, entrando y saliendo completamente. Cuando ella aceleró, él no pudo aguantar más y eyaculó, al mismo tiempo que se producía el orgasmo de ella.
Fue la primera y única vez que hicieron el amor. Lucas no lo pudo olvidar nunca, Lina tampoco.
1 comentarios:
Me alegra que retomes la escritura de este blog. Don Calisto.
Un beso.
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