
Se conocían desde hacía meses. Ahora ya son amantes..Él se hace llamar Tom; ella, Elisa.
Desde aquel día que cruzaron unas inocentes palabras en uno de esos foros de contactos, ya no dejaron de buscarse.
De una semana a otra, su amistad crecía; también, la confianza mutua.
Se habían contado sus vidas en la virtualidad, y habían allí compartido sueños...pero no se atrevían a encontrarse en la realidad
Una tarde lluviosa de un día cualquiera de su primer otoño hablaban distendidamente por el móvil . Él se había refugiado en un soportal de la plaza y ella tomaba un té muy cerca de allí.
-Se me están helando los pies- acertó a decir Tom tras cincuenta minutos de conversación.
- Lo siento -dijo ella. Pues yo estoy la mar de calentita, tomando mi té.
-Me gustaría estar ahí contigo, ¿ me invitas?
-No sé, mejor otro día.
Pasaron varios días hasta que, de nuevo, él le propuso encontrarse. Elisa seguía negándose. Pero Tom siguió insistiendo en todas las sucesivas conversaciones.
Llegó un momento que ella no supo negarse, pero le puso una condición harto difícil de respetar:
-Quedaremos en la habitación de un hotel en las afueras de la ciudad, un día concreto y a una hora cierta. Tú me esperarás con los ojos vendados y no te podrás quitar la venda hasta que yo me marche.
Como él ardía en deseos de escuchar su voz y notar su cuerpo cerca, aceptó.
El día convenido y a la hora acordada se vendó los ojos y abrió la puerta de la habitación, se giró y anduvo unos pasos...Un leve sonido de la puerta y unos pasos ligeros le estremecieron. Ella cerró la puerta y se acercó lentamente. Acercaron sus cuerpos y se fundieron en un cálido abrazo.....
De un cálido beso prendió el más ardiente deseo mutuo. Las manos de ella, todavía frías, se refugiaron en el pecho de él, que sintió un ligero estremecimiento recorriéndole de la cabeza a los pies.
No se movieron un paso y, al instante, sus cuerpos rodaron por la alfombra.
Invadidos por una pasión imperiosa, apenas se liberaron de sus ropas. Medio desnudos, con los pantalones, trabándoles los pies a él, la blusa sin desabotonar y la falda subida en ella, hicieron el amor torpemente.
Él se apresuró a penetrarla...antes había notado el sexo mojado y cálido de ella y no pudo esperar. Fue una cópula breve, porque él se movió con impulsos acelerados y profundos. Sin dejar apurar su orgasmo, eyaculó en el pubis sonrosado que aquella mujer le ofrecía.
Por fín, para que también ella gozara, hundió su boca en la vulva, en los carnosos labios, mordió su clítoris y sorbió sus jugos. Entonces ella, cogiendo la cabeza de aquel hombre por donde estaba el nudo de la venda, la apretó fuertemente al tiempo que se estremecía en su particular orgasmo. Permanecieron callados, tirados en la alfombra, recuperando el resuello.
Tom no quiso ni siquiera intentar quitarse la venda y Elisa lo agradeció. Así le demostraba que era hombre de fiar.
Tom no se levantó cuando ella lo hizo. Notó los roces de la ropa que ella recomponía, oyó sus pasos y el ligero cerrar de la puerta. Entonces se incorporó.
Sentado en el baño escribió un escueto mensaje que decía:
- Mañana te llamo. TQM.
2 comentarios:
Me ha encantado!!!
hey muy bueno! el morbo de no ver nada es muy exitante :P
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