Recordaré esta imagen de una ciudad y la luz del sol reflejada por el mar en las fachadas. Así la dejé cuando partí, pero unos días antes...
Llueve en Lisboa. El taxi me ha dejado justo en la puerta del hotel, en la Avda. de Roma.
Me alojo en la décima planta. Desde mi habitación puedo abarcar parte de la ciudad. Dejo vagar mi imaginación mientras espero a que ella llegue también.
No puedo soportarlo y decido bajar a esperarla.
Sentado junto al ventanal que da a la calle, con una copa de brandy en las manos, no dejo de mirar a la puerta del hotel.
Al fin, una pareja de jóvenes se acerca a la recepción. Los reconozco al instante: él es alto, fuerte, moreno...Ella es mi amante, él, su amado esposo.
Ha sido un atrevimiento acompañarlos en este viaje, pero ella insistió...quiero sentir que os tengo a los dos, me decía justificando su petición. Y yo no puedo negarle nada, pues haré todo lo que me pida.
Hábilmente, con su teléfono móvil, me indica los planes que tienen, si salen, si van a pasear o a visitar un luga
r determinado.
Les sigo en una tarde de suave llovizna. Van abrazados bajo un pequeño paraguas, yo dejo que se despeje mi rostro con las finas gotas.
En la empinada cuesta, toman el tranvía, yo les sigo en el próximo.
En la inmensa plaza, ella me busca; al verme, sonríe y le besa, pero yo siento sus labios en los míos y me estremezco.
Se pierden por las callejuelas empinadas y se dirigen al puerto. Como perrito abandonado, les sigo sin remedio. Noto como no me pierde de vista, mira hacia atrás y me controla.
En un mirador que se alza sobre el mar, se hacen fotos. La observo embelesado acomodarse su rizada cabellera, que contrasta con el grisazul marino, desde más arriba, pegado a un muro húmedo que verdea y me enfría el corazón.
Cuando regresan al hotel, unos pasos más atrás lo hago yo, empapado y meditabundo como si me hubiera escupido el mar.
El agua caliente de la ducha no consigue reanimarme, pero sigo sentado en la bañera, encogido y abrazado a mí mismo. Con la calefacción muy alta, me duermo con el albornoz sobre la colcha.
Unos nudillos golpean la puerta, ya no dormía; abro y allí estaba el cuerpo de mi amada plantado ante ella. Me besa, más, me muerde el labio y me empuja adentro. Desabrocha dos botones de su abrigo sólo para dejarme ver que viene desnuda, me lanzo a abrazarla, entonces noto su piel cálida y sus pechos duros y erizados. Cuando abre mi albornoz, desiste de acariciarme. Me dice:
-Tienes mucho vello, así no me gustas. Ven aquí. Sobre su cuerpo desnudo se ha puesto mi camisa blanca, pero no la cierr
a con los botones
Me desnuda, me hace sentar sobre la taza del water y procede...Unta mi pecho hasta el pubis con la espuma de afeitar. Busca en mi bolsa de aseo la navaja de nácar que me regaló ella misma y con parsimonia me rasura completamente. Al apartar mi pene, me provoca una erección completa, pero evita no acariciarlo. Luego, me da crema hidratante en un suave masaje. Sale del cuarto y regresa con el pañuelo de seda rojo, que también me regaló ella, en la mano.
-Te vendaré los ojos, cariño, así te gustará más.
Y sentada sobre mis rodillas me anudó el pañuelo en la nuca con dos apretados nudos. Al instante, ató mi muñeca derecha con la manga de la camisa que ya se había quitado, pasó la prenda por detrás de la cañería de la cisterna y, estirándola, me ató también la mano izquierda. Volvió a besarme y se marchó, pues oí como cerraba la puerta.
Casi inmóvil me dispuse a esperar que regresara. Lo hizo al rato. Algo extraño sentí al cerrarse de nuevo la puerta, como un roce de cuerpos, un murmullo, sí...no venía sola. Un hombre la abrazaba, la besaba,... jadeaban... , lamía sus pechos,...lo percibía, sin necesidad de verlo. Estaba confundido, pero no dije nada, ella gozaba con eso. Imaginaba que ponía sus ojos de lujuria sobre mí y que entregaba su cuerpo al otro.
Comenzaba a sentirme helado, cuando sus manos se apoyaron en mis rodillas y su boca se posó hambrienta en mi sexo. El ímpetu que ella ponía estaba motivado por las embestida del macho que la poseía por detrás. Un movimiento acompasado iba y venía de aquél, pasaba por ella y seguía por mí. Se tragaba mi pene hasta el fondo a cada empuje que la penetraba igual de hondo.
Siguieron así un tiempo, que me pareció interminable, pero mi excitación era imponente al llenar su boca. Sus espasmos provocaron los míos y los de aquél, que por sus jadeos tuvo que ser su orgasmo. Plena de placer y de esperma , besó mi boca , pasándome parte del pastoso jugo, agridulce y caliente.
-Gracias, mi cielo,sentí un placer indescriptible. ¿Y tú? - le habló al oído con una plácida voz.
No me inmuté, seguía paralizado. Soltó mi muñeca y me dejó allí tirado sobre el water, hecho una insignificante mierda, destrozado por dentro, pero satisfecho por fuera.
No sé cuánto pasó hasta que me quité la venda. Cuando al fin lo hice, sólo acerté a secar mis lágrimas...
Ya en la ducha, un pensamiento me asaltaba: ¿cuándo volveré a sentirla así de nuevo.
2 comentarios:
Es lo mejor que te he leído hasta ahora y, daría para más...
Por otro lado ha sido muy excitante he sentido que sacas un lado que desconocía de ti y que me resulta exquisito.
Te quiero
Hey calisto! tiempo sin escribir por aqui... me gusto! te has puesto muy erotico jeje pero fino... todos tenemos nuestros arranques de pasión de vez en cuando... aunque mosca con esos trios! jeje
saludos!
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