
Es lunes. No me he despertado del todo y ya pienso en ella. Hace días que no viene a esta habitación que creé para ella.
Escribo en mi diario...
Subí por los recuerdos y alcancé uno. Era de una tarde de verano, con un calor sofocante, ni las ventanas cerradas impedían que el viento solano penetrara en la estancia. Por entre las rendijas se introducía y ocupaba el espacio de aire cálido, que hacía sudar aun permaneciendo inmóvil.
Ella dormía profundamente. Su frente humedecida de innumerables gotas, que resbalaban por su rostro, mojaban la almohada. No moví ni un pequeño músculo por temor a despertarla, pero seguí contemplando aquellos minúsculos ríos de sudor.
Por un momento ella giró su cuerpo, dándome la espalda. Ahora se mostraba el mapa opuesto de su planetario cuerpo con sus regiones, que tantas veces yo había recorrido. A su cuerpo desnudo acerqué el mío, noté el frescor y me estremecí. Busqué el encuentro en su cálido refugio. Ella, sin despertarse acomodó sus piernas y se mostró espléndida.
Debía ser así, no la sacaré de su sueño, me dije.
Sí, un acto de amor robado, que se m
e antojaba sublime, sin estridencias, tierno y, a la vez, lujurioso.
En mis atemperadas acometidas, ella acomodaba más su cuerpo; sus piernas como un abanico, abríanse despacio igual que su flor aterciopelada. Mi excitación iba en aumento y las ansias de placer me abrasaban. No podía contener ya mi ímpetu, cuando ella empezó a moverse livianamente. Sentir su complacencia, me hizo ser más vehemente.
No se despertó, pues apenas se movió, sólo lo suficiente para que yo explotara como un torrente .
Empapado en sudor, volví a tumbarme a su lado. Debí caer pronto en un sueño reparador, exhausto y complacido; pero con una duda que me inquietaba...¿fue un sueño para ella?
Sus labios húmedos y cálidos a la vez me despertaron, pero no abrí los ojos tampoco. Todavía sentía desazón y cierto entumecimiento, pero me removí de nuevo. No tardaron sus manos en buscarme, ni su boca en recorrer mi pecho. Con lentitud pasmosa me frotaba y mordía los pezones. Y seguía bajando, hasta concentrarse exclusivamente allí donde más ardía.
Su boca no tenía fin y yo desaparecía en ella. Sus manos me hurgaban y se escondían, chupaba y mordía, a ratos con vigor, a ratos con dulzura...
No parecía saciarse, pues la intensidad de sus actos así lo demostraban. Se apoderó de mí, cabalgó presurosa y ávida de placer con acompasado ritmo. Lo aumentó bruscamente, al tiempo que se agitaba en gemidos y balbucía palabras sin sentido. Eso me hizo entrar en una espiral de sensaciones placenteras y libidinosas que acabaron por estrujar mis adentros. Me perdí como nunca lo había hecho, descargándome en ella, abandonado en un mar de tormentosas embestidas, en un éxtasis de placentera muerte.
No abrí los ojos y al instante me dormí.
No fui consciente del tiempo que pasó. Quería despertarme, pero no podía. Estaba anestesiado, profundamente sumido en un pozo del que no podía salir. Al fin, no sin un gran esfuerzo logré despertarme. Agitado, con el corazón latiendo apresurado, la busqué y ella no estaba. Suele desaparecer así, inesperadamente.
Ella es como un sueño...y yo la siento cada día venir a mí. Llega y me complace, comparte mi pan y mi vino, mis alegrías y mis penas. Yo comparto las suyas, pero sólo es eso. No puedo enjugar sus lágrimas, ni tocar su pelo...mas es tan vívido lo que siento con ella que es lo único real para mí. Y la busco desesperadamente.
Ella dormía profundamente. Su frente humedecida de innumerables gotas, que resbalaban por su rostro, mojaban la almohada. No moví ni un pequeño músculo por temor a despertarla, pero seguí contemplando aquellos minúsculos ríos de sudor.
Por un momento ella giró su cuerpo, dándome la espalda. Ahora se mostraba el mapa opuesto de su planetario cuerpo con sus regiones, que tantas veces yo había recorrido. A su cuerpo desnudo acerqué el mío, noté el frescor y me estremecí. Busqué el encuentro en su cálido refugio. Ella, sin despertarse acomodó sus piernas y se mostró espléndida.
Debía ser así, no la sacaré de su sueño, me dije.
Sí, un acto de amor robado, que se m
e antojaba sublime, sin estridencias, tierno y, a la vez, lujurioso.En mis atemperadas acometidas, ella acomodaba más su cuerpo; sus piernas como un abanico, abríanse despacio igual que su flor aterciopelada. Mi excitación iba en aumento y las ansias de placer me abrasaban. No podía contener ya mi ímpetu, cuando ella empezó a moverse livianamente. Sentir su complacencia, me hizo ser más vehemente.
No se despertó, pues apenas se movió, sólo lo suficiente para que yo explotara como un torrente .
Empapado en sudor, volví a tumbarme a su lado. Debí caer pronto en un sueño reparador, exhausto y complacido; pero con una duda que me inquietaba...¿fue un sueño para ella?
Sus labios húmedos y cálidos a la vez me despertaron, pero no abrí los ojos tampoco. Todavía sentía desazón y cierto entumecimiento, pero me removí de nuevo. No tardaron sus manos en buscarme, ni su boca en recorrer mi pecho. Con lentitud pasmosa me frotaba y mordía los pezones. Y seguía bajando, hasta concentrarse exclusivamente allí donde más ardía.
Su boca no tenía fin y yo desaparecía en ella. Sus manos me hurgaban y se escondían, chupaba y mordía, a ratos con vigor, a ratos con dulzura...
No parecía saciarse, pues la intensidad de sus actos así lo demostraban. Se apoderó de mí, cabalgó presurosa y ávida de placer con acompasado ritmo. Lo aumentó bruscamente, al tiempo que se agitaba en gemidos y balbucía palabras sin sentido. Eso me hizo entrar en una espiral de sensaciones placenteras y libidinosas que acabaron por estrujar mis adentros. Me perdí como nunca lo había hecho, descargándome en ella, abandonado en un mar de tormentosas embestidas, en un éxtasis de placentera muerte.
No abrí los ojos y al instante me dormí.
No fui consciente del tiempo que pasó. Quería despertarme, pero no podía. Estaba anestesiado, profundamente sumido en un pozo del que no podía salir. Al fin, no sin un gran esfuerzo logré despertarme. Agitado, con el corazón latiendo apresurado, la busqué y ella no estaba. Suele desaparecer así, inesperadamente.
Ella es como un sueño...y yo la siento cada día venir a mí. Llega y me complace, comparte mi pan y mi vino, mis alegrías y mis penas. Yo comparto las suyas, pero sólo es eso. No puedo enjugar sus lágrimas, ni tocar su pelo...mas es tan vívido lo que siento con ella que es lo único real para mí. Y la busco desesperadamente.
1 comentarios:
hola calisto!.. q rico sueño el de esos dos jejeje...
saludos! y feliz navidad
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