Por una mirada

Hace un sol de justicia. Bajo la sombrilla sostengo un libro, pero ya no consigo leer...
Unos dedos pequeños, los de un pie, están cerca de los míos. Con sólo estirar la pierna podría tocarlos. No me atrevo...
Recorro con la mirada un cuerpo de mujer. Ascienden por la piel de su cuerpo mis ojos lascivos y una sonrisa, que ahora se esconde, me turba. Desvío la mirada, pero vuelvo a buscarla sin remedio. Tras las gafas de sol, unos poderosos y enormes ojos se desvelan. Se clavan en mí y yo dejo que me consuman. Sostiene la mirada y yo no lo puedo resistir.
Intento huir, pero al incorporarme, levanto la arena con el pie y la esparzo sobre las piernas de mi vecina.
-Perdóneme, siento molestarla -acierto a decir.
-No se preocupe, no es más que arena. En la playa, ya se sabe...
-De todas forma, disculpe. La arena siempre molesta si nos la echan encima.
-Bueno, acepto sus disculpas. Ande, vaya a bañarse, si es eso lo que se proponía.
Sin añadir nada más, me acerqué a la orilla, sentí el dulce frescor del agua y me zambullí a continuación. Nadé un rato, pero de cuando en cuando, giraba la cabeza y buscaba la sombrilla dónde se resguardaba aquella mujer. Ciertamente, me había impresionado.
De regreso al espacio ocupado por mi toalla, no dejo de recrear la mirada otra vez en ella.
Es joven y muy atractiva, pero tiene un aire extraño, misterioso. No se quita las gafas y cubre su cabeza con un pañuelo. Su cuerpo todavía no se ha bronceado, pero su piel es morena, aunque tiene una palidez que denota no haber pisado mucho la calle.
Al coger la toalla para secarme, su voz vuelve a dirigirse a mí.
-¿Qué tal el agua?
-Muy agradable...¿no le apetece bañarse?
-No, hoy no me apetece; mañana, quizás.
Sin pensarlo, me vi charlando con Marlinda. Qué nombre más apropiado, pensé.
La tarde se fue en un suspiro, porque no recordaba haber mantenido una conversación que me absorbiera tanto. Fue entonces, cuando el sol se escondía tras el horizonte, que sonó mi teléfono. Ya me reclamaban en casa. Pasaba con mi familia unas vacaciones en un coqueto, por no decir pequeño, apartamento.
Me despedí de mi nueva amiga con un ligero apretón de manos, que ella me ofreció, no sin antes haberle manifestado que fue una muy agradable tarde la que había pasado en su compañía.
Volví la tarde siguiente a encontrarme con ella. Estaba en el mismo lugar, bajo la misma sombrilla y seguía oculta tras unas gafas oscuras. Noté cierto asombro cuando, al acercarme, la saludé. Fue como si la sorprendiera soñando despierta, mirando a lo lejos, más allá del mar.
-¡¡Ah!! es usted...Qué tal, cómo está?- me dijo, saliendo de su ensimismamiento.
-Bien...me alegro de encontrarla de nuevo -le contesté.
No hizo falta más, la conversación que mantuvimos volvió a llenar la cálida tarde. En una pausa que nos dimos, yo tomé un baño, pero ella se mantuvo recostada en su hamaca, pues no quiso hacer lo que yo, a pesar de haberle insistido.
De vuelta a su lado, quise invitarla a un refresco o un helado. Aceptó gustosa y corrí al puesto cercano por dos helados de vainilla, que disfrutamos entre risas y sorbetones.
-No le apetece dar un paseo, hace una tarde estupenda para refrescar los pies por la orilla -me atreví a pedirle, pues buscaba dar un paso más en pos de conocerla mejor.
Dudó un momento, pero aceptó de buen grado al tiempo que me decía:
-Será un placer. ¿Le importa que me apoye en su brazo? también necesito sus ojos...

-Sí, soy invidente y me puedo tropezar.



3 comentarios:

Carolina dijo...

Los encuentros fortuitos con una persona agradable y dispuesta a conversar son realmente valiosos! linda historia :D final sorpresivo!

saludos!

P.D si tengo tiempo sin escribir pero estoy cocinando algo nuevo, no se si te pasa pero aveces me estanco o me bloqueo... el último post no está basado en un hecho real jeje.

V de Tierra dijo...

Hola!! Muy buen relato, cautivante..genial el final!! Gracias por encontrarme y conducirme hacia ti!! un saludo A++

Unknown dijo...

Me gustó mucho tu relato!!
besosss y graacias por visitarme!!

Relax...