Laura me necesita.

Hacía días que no tenía noticias de Laura. Le había mandado algunos mails y no le contestaba...y siempre lo había hecho.
Como quiera que eso le preocupó, decidió llamarla a su teléfono móvil. Una voz de mujer contestó...
-Sí, Quién llama?
-Laura?... Quién es usted?
-Laura no puede ponerse, está hospitalizada y yo soy su enfermera.
-¿Qué le ocurrió, por qué está hospitalizada?
-Lo siento, no puedo darle esa información...
Presa de un estado de nerviosismo y ansiedad, Ulises sólo acertó a pedirle la dirección del hospital.
Al día siguiente, sin dar explicaciones a su familia, tomó un avión y se presentó en París. Del aeropuerto salió directamente hacia el hospital.
Se presentó como un amigo de Laura, pero no conocía los apellidos, sólo su nombre...nunca lo había necesitado y por eso no se lo pidió.
En la recepción le atendieron educadamente, pero no le permitían el acceso.
Presa de un estado de desesperación pidió que se lo preguntaran a ella, y dio su nombre. El nombre de Ulises hizo volver la cabeza a un médico que redactaba algún informe cerca de allí.
Efectivamente, Laura lo había repetido en sueños muchas veces. Y el doctor que la trataba, por eso, lo reconoció.
-Venga conmigo, señor Ulises.
En la habitación, Ulises comprobó el estado de Laura. Más tarde supo, por los informes del doctor, de la gravedad de las heridas.
Debido a los traumatismos recibidos en el accidente, Laura permanecía sedada en una habitación individual de la 7ª planta. No recibía visitas hasta que llegó él.
Ulises pudo quedarse como acompañante de la paciente. Así lo hizo día y noche hasta que ella despertó.
Ulises no se separó de Laura más que cortos periodos de tiempo, los imprescindibles para su aseo y alimentación, para dar un corto paseo y comprar la prensa, en las casi dos semanas que duró la postración completa de ella.
Durante ese tiempo no dejó de hablarle, le leyó y le puso música de la que sabía le gustaba, y sobre todo, puso todo el cariño del mundo en cada gesto que le dedicaba. Le hablaba con dulzura mientras le acariciaba el rostro o le masajeaba las piernas y los brazos. Y le cantaba canciones de amor.., en las que puso más emoción que voz.
Laura se recuperó lentamente. Cuando se dio por fin cuenta de la presencia de su amigo, mejoró considerablemente.
En los periodos de permanencia en el hospital, Ulises hizo varios viajes de ida y vuelta a su hogar. En su familia ya se había acostumbrado a esa situación, pero mantenían las formas. Ulises no tuvo reparos en contárselo a su mujer. Ella no hizo nada, sólo le exigió la lealtad debida y no habló de separación en ningún momento.
En los periodos de permanencia en el hospital, Ulises no se retiraba del lado de su amiga. Se sabía enamorado, pero no acababa de confesarlo. Sólo le demostró un cariño inmenso y una dedicación exclusiva.
Cuando se fue restableciendo de sus lesiones, pasaron ratos de agradable conversación, paseos por los pasillos del hospital y sesiones innumerables de cine en la intimidad de la habitación.

Y hablaron del accidente cuando Laura quiso. Entonces supo Ulises que el causante del accidente fue un tipo despreciable que la atropelló y salió huyendo.
-Ha sido él, me quiso matar -le confesó Laura con decisión-. Le vi la cara, me la tenía jurada desde el día que le abandoné. Ya no podía soportar más que me maltratara tanto.
- ¿Era tu marido?
-Sí, le pedí el divorcio y no me lo quiso conceder.
-¿Por qué no lo denuncias? No puede estar por ahí como si fuera inocente.
-No tengo pruebas, y ya han pasado muchos días. ¿Qué gano con decirlo a la policía? Quizás él me de por muerta y así me deje en paz.
Laura recibió el alta y regresó a su casa, un apartamento muy céntrico. Ulises la acompañó para ayudarla, ya que todavía estaba muy débil. El se instaló en la habitación que se destinaba a los invitados.

Luego de una semana, Laura se había recuperado bastante bien. Los cuidados y atenciones que Ulises le dedicó fueron en parte la causa de su pronto restablecimiento.

Una tarde sonó con insistencia el timbre de la puerta. Ulises fue a abrir. Apenas entreabrió la hoja cuando un violento empuje lo tiró al suelo. Un extraño lo asaltó y le golpeó fuertemente en la cara...Sangraba abundantemente y estaba completamente aturdido, pero pudo reaccionar a los gritos de auxilio que Laura profería. Se levantó arrastrándose y con dificultad pudo llegar a la habitación de ella. Allí, aquel animal intentaba estrangularla. Sin saber cómo, sujetó un jarrón fuertemente y lo dejó caer varias veces sobre la cabeza de quién pretendía quitarle la vida al ser que más quería. Al fin, vio cómo se desplomaba, cual pesado saco de patatas. La sangre empapaba la alfombra y había dejado una oscura huella sobre la cama. Ulises corrió a reanimar el cuerpo de Laura y no prestó la mayor atención al cuerpo que yacía ya muerto. El cuerpo desmayado entre sus brazos comenzó a reaccionar, y él dio gracias al cielo...Laura estaba bien.

El largo proceso que vivió Ulises imputado por asesinato, supuso casi un año de cárcel, pero se retiraron los cargos y salió libre. La policía encontró pruebas que permitieron el sobreseimiento del caso. A pesar de lo que sufrieron juntos, aquella experiencia les unió definitivamente.
Ahora fue Laura quién estuvo al lado de su amor. Eso permitió que él nunca se derrumbara.

Hace ya más de un año que todo aquello terminó. No lo olvidarán. Y no lo harán, porque su amor salió victorioso y con todo se hizo fuerte, poderoso e indestructible.

Esta canción les acompañó muchas veces...

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Desde luego, bastante novedoso este giro de los acontecimientos...

Estás loquito pero te quiero.

Relax...