Eramos dos...ahora somos uno.


Mi mano buscaba su cuerpo y sólo encontré las sábanas frías donde ella dejó su huella.
Incrédulo abrí los ojos, palpé la realidad y supe de mi desdicha. Otra vez volvía a repetirse la historia.
Samara hacía rato que se marchó a coger su vuelo. Eran las doce del medio día y yo debía salir también hacia mi ciudad en unas horas.

"Somos dos que buscan ser uno..." Por eso, somos tan obstinados y buscamos siempre la ocasión de encontrarnos.
Hoy amanecimos en esta ciudad, de la que no importa el nombre. Tampoco nos importó buscarnos en otras ciudades. Siempre refugiándonos en el anonimato de una habitación de hotel.

Fue una larga noche de espera. Samara no pudo llegar a tiempo de coger su avión. Aun así, logró hacerse hueco en otro, que la trajo de madrugada. Llegó presa de la desesperación, se abrazó a mí y lloró desconsoladamente.
Desnudos, acoplados como siameses, cruzamos las escasas horas de nuestro encuentro. Apenas hablamos, sólo dejamos que los cuerpos se consolaran en el cálido contacto... Y el sol nos despertó para volver a separarnos.

Sobre la almohada un tenue vestigio de su perfume. Hundí mi rostro en ella y me trasladé al ya lejano día en que sí gozamos del abrazo.
Hace justo un año, en esta misma primavera, en otra ciudad cualquiera, ella y yo, tuvimos un fin de semana por delante. Sólo dos días para vivirlos intensamente.

Nos levantamos con las primeras luces del alba, paseamos cogidos, abrazados, absorbiendo el frescor de la amanecida. En un café solitario, de una estrecha callejuela, bebimos el mismo té de la misma taza; y en los labios cálidos dejamos que crecieran besos tímidos y promesas de amor eterno...Siempre encontré en su cuerpo donde perderme y gozar...Sentir su piel, sus manos acariciarme, su mirada intensa y su deseo suplicante.

La visita a la ciudad nos cansó, más por el calor húmedo que por el incesante deambular por sus calles, visitando algunos de su
s lugares de interés. Unos bocados de fruta jugosa nos refrescó a la sombra de un árbol del parque. Y sobre mi hombro descansó su rizada cabellera.
La recuerdo en aquel día, desprendida, ajena a lo que era su vida cotidiana. Nunca hablamos de su marido, ni de su trabajo; ni sabíamos de más datos personales que nuestros propios nombres. Ella me decía, " Federico, así somos libres del todo."

La tarde de aquel sábado pasó lenta y cadenciosa. Hacer el amor en la ducha nos relajó. En la cama, dormidos o despiertos, dejábamos el tiempo correr, sin prisas, bebiéndonos a sorbos, con deleite, cada instante.
En la terraza de la habitación la noche nos encontró conversando animadamente. Pedimos que nos subieran algo d
e fruta, queso, vino...Un poco de música nos invitó a bailar, y lo hicimos cadenciosamente, en la lentitud de un abrazo. Nos desprendimos de la ropa, vestimentas inútiles, y el calor de la piel fue nuestro abrigo. Una vez más se invadieron mutuamente los cuerpos, embriagados de deseo y placer...Hicimos el amor y el sexo fue la excusa.

Regresé del recuerdo con los pitidos del despertador. Fue entonces cuando vi su nota:
" Querido, no encontré el momento para decirte algo importante. Tengo una hija de tres meses. Tú, eres el padre. Te quiero".



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya problema tiene la muchacha...



TQM.

Calisto dijo...

Pero eso puede cambiar su vida. O no, pueden seguir viviendo una vida paralela, o pueden definitivamente vivir una vida juntos.
¿Admite esta historia una nueva entrega?
Yo también te quiero.

Carolina dijo...

bueno dos días de placer que generaron una vida... es como agridulce el final jeje me gustaría saber que pasó al final ...

Relax...